
El Tamagotchi, aquel pequeño dispositivo japonés con forma de huevo que puso a medio mundo a alimentar, limpiar y cuidar a una criatura digital, alcanza en 2026 los treinta años de historia. Desde su lanzamiento original en noviembre de 1996 por la empresa Bandai, el dispositivo ha logrado superar la barrera de los 100 millones de unidades vendidas a nivel mundial, consolidándose no solo como un juguete, sino como un pilar de la cultura pop contemporánea.
Para marcar este hito, la ciudad de Tokio ha inaugurado la “Tamagotchi Grand Exhibition” en el Museo de Roppongi. Se trata de una muestra itinerante que, tras su paso por la capital nipona, recorrerá ciudades como Nagoya, Mito y Osaka. La exposición ofrece un recorrido inmersivo que permite a los asistentes explorar la evolución del dispositivo, desde sus primeras versiones monocromáticas y sencillas hasta los modelos actuales que cuentan con pantallas a color, conexión WiFi y funciones de interacción social.
Evolución y adaptación tecnológica
A lo largo de estas tres décadas, el Tamagotchi ha sabido adaptarse a los cambios generacionales. Lo que comenzó como un sistema básico de tres botones ha derivado en 38 modelos distintos que integran tecnología infrarroja, cámaras y pantallas táctiles. Según los datos de Bandai, más de la mitad de las ventas globales se concentran fuera de Japón, lo que demuestra el calado internacional de un fenómeno que supo adelantarse a la digitalización masiva del ocio y a la creación de vínculos afectivos con la tecnología.
El aniversario también ha servido para el lanzamiento de ediciones limitadas diseñadas por figuras del arte contemporáneo japonés, como Mitsuhiro Higuchi, cuyos diseños simbolizan las distintas “capas geológicas” o etapas por las que ha pasado el juguete.
En Argentina
El dispositivo llegó a la Argentina entre agosto y septiembre de 1997. En aquel entonces, tenía un costo aproximado de 15 pesos/dólares (bajo el régimen de convertibilidad). Las crónicas de la época reflejan cómo los psicólogos y sociólogos locales comenzaron a acuñar el término “efecto Tamagotchi” para describir el vínculo afectivo y la ansiedad que generaba en los niños argentinos.
Los archivos periodísticos de finales de los 90 muestran que el juguete no estuvo exento de polémica. Hubo notas donde maestros y directivos de escuelas argentinas expresaban su preocupación porque el aparato interrumpía las clases.
Se mencionan testimonios de la época donde sociólogos lo calificaban de “terrible” por la demanda de atención constante que exigía, comparándolo incluso con una carga de responsabilidad excesiva para la edad escolar.
La preocupación fue global, e incluso llegó a la academia. En el estudio Pets in the Digital Age: Live, Robot, or Virtual?, el científico Jean-Loup Rault de la Universidad de Vienna describe al Tamagotchi como el precursor que “cambió la interacción humano-tecnología”, analizando cómo el diseño rudimentario priorizaba la relación emocional sobre la apariencia física de la mascota, un tema muy debatido en la psicología infantil argentina de los 90.
El retorno de la nostalgia
El auge actual del dispositivo no se limita solo al interés de los niños. La marca atraviesa un cuarto periodo de gran crecimiento impulsado por la tendencia retro y la nostalgia de los adultos que crecieron en la década de los noventa.
Además, las colaboraciones con marcas de moda y la reedición de los modelos originales han permitido que el Tamagotchi compita hoy en un mercado dominado por aplicaciones móviles y redes sociales, manteniendo su esencia de cuidado y responsabilidad digital intacta treinta años después de su nacimiento.
Con información de EFE